Catorce historias cotidianas, sucias, tiernas y dramáticas
nos cuenta Joxe Belmonte en “Relatos bajo el aguacero”. Los
protagonistas de estas historias, generalmente anónimos en las
crónicas de sucesos gracias a unas siglas o a expresiones tales
como “varón de setenta años”, adquieren aquí un nombre y una
historia personal, al tiempo que se aproximan asombrosamente
al lector: están en su calle, en su barrio...
Un violador, un alcohólico alucinado, un sindicalista enamorado,
una prostituta vasco-argentina, un anciano que padece síndrome
de Diógenes, un viejo homosexual y su hermosa hija... nos llevan
hasta sus mundos, casi nos arrastran tras ellos.
En estos relatos la mirada de Belmonte se detiene en tres grandes
temas: la religión, el sexo y la muerte. El órgano y
La historia apócrifa de la beata Lucía del Romero son
dos relatos deliciosos en los que topamos con la iglesia y la
religión. Narrados con fina ironía, elmisterio y lo inexplicable
chirrían en la carnalidad de los personajes.
La sensualidad es casi omnipresente “bajo el aguacero”, y el
sexo sin concesiones se erige en protagonista en Un encuentro
casual o La casa de entonces.
En cuanto a la muerte, hay relatos en los que el cadáver aún
no se ha enfriado No es corriente que un marido maldiga de
su mujer muerta, La sonrisa perdida de Esther Vivanco o Obituario
de don Mariano Alonso Cortés, pero está presente en casi
todos, entrepernada con la vida. No podía ser de otra manera.
Realismo sucio, sin duda, con el que el lector se reconoce e
implica.
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